JORGE RUIZ RIQUELME

El objetivo final de la mística taoísta es penetrar más allá de la realidad ordinaria para acceder a una conciencia de tranquilidad suprema, que trasciende el tiempo y el cambio.

Los aspectos religiosos de la arcaica cultura china nos muestran una cultura panteísta con una idea especial: el hombre como un microcosmos situado entre las potencias del cielo y la tierra, la idea de los «tres tesoros»: Tien (cielo), Ren (hombre) y Ti (tierra).

Si el hombre conoce estas potencias y sus leyes, puede colaborar con la Naturaleza y armonizarse con ella; incluso puede conocer su curso y aun influir, propiciando o desviando sus influencias mediante lo que conocemos como las antiguas ciencias de la adivinación oracular y la magia taoísta, compiladas en el Tratado del cambio (Yi Ching) y el Canon taoísta (Tao tsang). El libro de los documentos (Chu King) en el «tratado de la gran regla», desarrolla la «teoría de los cinco elementos».

La magia taoísta aboga por la posibilidad de alcanzar una suerte de inmortalidad consciente más allá de la enfermedad y la muerte a través de la unión con las leyes de la Naturaleza. No en vano dicen los chinos que lo normal para el hombre es vivir sano hasta los cien años, y ese ideal de salud y longevidad permanece aún hoy en su fuerte inclinación a toda clase de técnicas y ejercicios para la salud. El antiguo arte de los talismanes y amuletos tiene su papel en estas creencias, y es un medio muy usado para proteger, propiciar o exorcizar las fuerzas de la Naturaleza. Se cree que los magos taoístas del siglo III aún conservaban los grandes secretos de los iniciados de la medicina sagrada, e intentaban dominar a los dioses que rigen cada parte del cuerpo, perpetuando su presencia y asegurando, por lo tanto, su inmortalidad (de esta época es el «Pao-pu-tzu»).

Los talismanes y amuletos representan una forma portadora de conocimiento espiritual y un medio de comunicación con los espíritus. El arte gráfico taoísta fue prominentemente una práctica mágica que capacitó al hombre para comunicarse con el mundo espiritual e inclinar las fuerzas de la Naturaleza en su beneficio. De acuerdo con sus necesidades cotidianas, intentaba influir en los cambios de las estaciones y el clima, esenciales para la siembra, cosecha y construcción, curar enfermedades, bendecir casamientos, favorecer los partos, proteger a los habitantes de los incendios, librar de las pestes e infortunios y proteger de las calamidades. En resumen, servía para hacer la vida diaria más llevadera a las gentes. Más adelante veremos las diferentes maneras en que estos diagramas mágicos fueron hechos y usados a través de los siglos.

Los diagramas talismánicos pueden explicar los conceptos de la filosofía taoísta. Armonizar los opuestos, el yin y el yang, en nuestro interior, y ponernos en armonía con las turbulentas energías que actúan sobre nuestras vidas y en el universo todo. Este es el corazón del misticismo chino, intuir que la verdad de la realidad no es la sucesión de momentos separados, o un infinito número de cosas separadas, como una red deshilachada de eterno cambio, sino como la corriente de un río o las nubes empujadas por el viento; ser o no-ser son complementarios, como las piedras caladas en que podemos ver los diagramas en la erosión y en el circundante silencio que da forma a la música. En el arte gráfico chino el espacio vacío es tan importante como la línea. El objetivo final de la mística taoísta es penetrar más allá de la realidad ordinaria para acceder a una conciencia de tranquilidad suprema, la tranquilidad última, aquella que trasciende el tiempo y el cambio, el gran último, el Todo, el «misterio allende todos los misterios», llamado «Tao».

Los diagramas representan uno de los más fascinantes ejemplos de arte abstracto chino desarrollado al margen de la influencia imperial, que es lo que conocemos hoy como arte chino. Son parte de su legado, como los celebrados bronces rituales y jades Shang y Chou, las figuras funerarias cerámicas Han y T’ang, las figuras académicas y los rollos caligráficos Sung o las cerámicas de las dinastías Ming y Ch´ing.

Podemos ver su influencia en la abstracción simbólica de esas otras artes visuales. Y podemos observar claramente sus huellas en las técnicas de varias escuelas taoístas y sociedades secretas que actuaban en toda China desde el período Han. Este legado incluye la astrología, la quiromancia, la fisonomía, la geomancia (Feng Shui), la alquimia, la medicina herbal, la acupuntura, y las artes del tai chi chuan y el kung fu.

El sigilo que ha rodeado a los maestros taoístas ha surgido, en parte, del tabú de lo sagrado. La comunicación mística debe ser protegida de los ojos del neófito o del irreverente, y en parte aún hoy los talismanes son rehusados a los requerimientos de los no taoístas y de los no chinos.

Los diagramas mágicos taoístas, talismanes y hechizos conocidos se han extraído de los más esotéricos de entre los 1464 trabajos conservados en el Tao-tsang, la edición de 1436 (dinastía Ming temprana) y otros manuales de las dinastías Ming y C´hing. El Taotsang, inicialmente publicado en 1190 d.C., fue originalmente una larga colección, antes de ser quemada por orden de Kublai Kan, de la dinastía mongol Yuan, en 1281. La actual colección (dinastía Ming temprana) consiste en siete diferentes secciones (cavernas) con varios suplementos, y contiene más de cincuenta millones de caracteres de texto y varios cientos de diagramas.

Algunos suplementarios fueron agregados en el período Ming, pero la gran mayoría de ellos fueron dibujados en la forma canónica antigua, procedente de la tradición de cerca de dos mil años de antigüedad, con raíces que provienen de las prácticas shamánicas de los magos taoístas del segundo y primer milenio a.C. El shamán es la persona que supuestamente adquiere técnicas que le permiten contactar con el mundo espiritual, y específicamente convocar a los espíritus. Su poder y prestigio depende, en general, del número de espíritus que puede voluntariamente encarnar en sí, y de ese modo controlar. Puede ser ayudado por sonidos, danzas, tambores y frecuentemente narcóticos. Hay una larga tradición de estas prácticas en el taoísmo, particularmente en el sur de China, pero frecuentemente la magia taoísta usa talismanes y sortilegios que favorecen una fuente impersonal de poder. La llamamos impersonal en el sentido de que, una vez que las caligrafías talismánicas son completadas por el sacerdote taoísta, que generalmente reproduce los prototipos canónicos, todo su poder espiritual es inmediatamente transferido al talismán. Entonces puede ser usado como un objeto ritual para obtener un contacto directo con los espíritus.

La profunda creencia en los poderes espirituales de la caligrafía está presente probablemente ya desde el período formativo de la civilización china (durante el primer milenio) y es la responsable de la supervivencia de la escritura ideográfica china. Por esta razón, a pesar de los muchos intentos de reforma, la civilización china siempre se mostró reticente a adoptar un alfabeto. En orden a proteger el misterio talismánico, un gran número de hermosos grabados fueron desarrollados por el taoísmo. Ya veremos cómo se presentan y en qué difieren de la caligrafía ordinaria.

Los diagramas que aparecen hoy son el trabajo de un amplio espectro de artistas, aldeanos iletrados, reclusos y estudiantes ermitaños, tanto como sacerdotes-exorcistas taoístas, fieles y hechiceros. Muchos de ellos son anónimos, pues las poderosas fórmulas taoístas son raramente atribuidas a individuos particulares, y los legendarios atributos del canon taoísta deben ser tratados con reserva. En su forma original, estos diagramas son el más perecedero producto del arte visual chino. Muchos de estos místicos diagramas fueron originalmente dibujados en el polvo con un palillo de madera o con el dedo, y otros (después de la dinastía Han), en papel para ser quemado como «papel-moneda», para ofrecer a las fuerzas de lo sobrenatural.

Estos billetes de papel-moneda fueron reproducidos varios miles de veces en el curso de una generación, solo para ser usados en un día en el curso de la hora de entrega del rito mágico. Lo perecedero del material que usaban les recordaba constantemente la cardinal enseñanza taoísta: el principio de cambio eterno que gobierna todo el universo. Efectivamente, muchos de ellos desaparecieron junto con las voces de los famosos cantos y movimientos de las célebres danzas de las dinastías Sui y T’ang. Sin embargo, no están completamente perdidos, han sobrevivido en las fuentes canónicas taoístas y aún hoy pueden ser copiados detalladamente. Un buen número de ellos pueden ser encontrados en este artículo.

El cambio eterno: una vez yin, una vez yang, eso es el tao

La verdadera raíz de este arte oculto podemos encontrarla en la antigua enseñanza taoísta filosófica del yin y el yang. De acuerdo con este sistema, el “Uno”, el Todo, el Gran Último (Tai-chi), produce la dualidad positiva del yin y el yang, de cuya continua interacción nacen los cinco elementos (Wu-hsing), de los cuales derivan todos los acontecimientos y objetos. El principio del yin es concebido y gobierna sobre la tierra. Corresponde a lo negativo, femenino, oscuro, húmedo, blando, frío, mortal, inmóvil. El principio del yang nace y gobierna sobre el cielo. Corresponde a lo positivo, masculino, luminoso, ardiente, fuerte, cálido, vital, móvil. Yin y yang dividen formando los puntos de la brújula.

Los cinco elementos, madera, fuego, tierra, metal y agua, al igual que el cosmos, tienen un aspecto yin y otro yang. El Ho-t’u (Cielo Anterior del Cambio), uno de los dos más antiguos diagramas taoístas, es un mapa de los cinco elementos, que existe en el cielo anterior del cambio en su aspecto de dador de vida, de orden yang. La madera da nacimiento al fuego, el fuego a la tierra, la tierra al metal y el metal al agua. Finalmente, el agua da nacimiento a la madera, comenzando así un nuevo ciclo. Durante la primera parte del año, cuando la Naturaleza está en crecimiento, el aspecto yang es dominante. Durante la segunda parte del año, cuando la Naturaleza declina hacia el invierno y muere, el aspecto yin es dominante. De ese modo, en orden a concluir la renovación del universo, el diagrama Ho-t’u solo no es suficiente. El taoísmo debe también entender los principios de acuerdo con los que opera el proceso de regreso desde el yang al yin.

Para lograr esto, el taoísmo usa una segunda carta llamada Lo-shu, el segundo más antiguo diagrama, que se supone descubierto por el legendario emperador Yu en el caparazón de una tortuga que emergía del río Lo. El Lo-shu es el diagrama luego llamado del Cielo Posterior del Cambio. Aquí, el orden creativo de los cinco elementos en el cielo anterior del cambio (madera, fuego, tierra, metal y agua) es reordenado de acuerdo con el orden de destrucción de los cinco elementos en el cielo posterior del cambio (agua, fuego, metal, madera y tierra). De este modo, el agua yin vence al fuego yang, el fuego yin destruye al metal yang, el metal yin destruye la madera yang y, finalmente, la madera yin vence a la tierra yang. El cosmos debe esperar el renacimiento del yang en el solsticio de invierno. El hombre debe poner el mágico Ho-t’u en el centro del universo para hacer florecer nuevamente la Naturaleza y dar comienzo a un nuevo ciclo de cambio.

Al igual que el Ho-t’u, el Lo-shu es básicamente un diagrama de cambio. Según la leyenda, inspiró al rey Wen, fundador de la dinastía Chou, a crear el Libro de los cambios (I-Ching). Es, además, un cuadrado mágico: no importa en que dirección sean sumados los números del Lo-shu, el total es siempre 15.

Este cosmos taoísta de eterno cambio tiene implicaciones adicionales para las artes ocultas, ya que los cinco elementos están también conectados con direcciones, colores, estaciones, etc., de acuerdo con la siguiente tabla, en el cielo anterior del cambio.

Esta doctrina de los cinco elementos se aplica tanto en el macrocosmos del universo como en el microcosmos de la persona individual. Para el estudiante no es solo una guía de entendimiento del mundo, sino también del modo en que el patrón cósmico del cambio puede influir a través de un acto de “magia simpática”. El hombre es así un microcosmos situado entre las potencias del cielo y la tierra y se armoniza con ellas.