JORGE ÁNGEL LIVRAGA

Para aquellos que me leen por primera vez, os digo que mis artículos son reflexiones, son contactos, son algunos pensamientos. Quiero que sepáis también que usamos esta forma de dirigirnos porque creemos que toda persona es ingénitamente filosófica, o sea, «todos somos filósofos»; que no hay una universidad que pueda hacer filósofos; podrá reconocer mediante un título una serie de conocimientos técnicos, pero no hay universidades que hagan filósofos, como no las hay que hagan poetas o músicos. El hombre lleva dentro de sí esa inquietud. El hombre es «filo-sofos», o sea, «el enamorado de la sabiduría», el enamorado de la profundidad de las cosas.

Ese filo-sofos está en todos nosotros. Simplemente es cuestión, como diría Sócrates, de reencontrarse. Encontrarnos a nosotros mismos para reencontrarnos, para vernos en ese espejo encantado nuestro nuevo rostro, el rostro interior que podemos tener, el rostro profundo.

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