CUANDO LAS PAREDES DEJAN DE SERLOJORGE Á. LIVRAGA RIZZI

Un problema de contradicciones acompañó al Hombre desde que elevó sus primeras ciudades, bien con fines rituales o habitacionales: conciliar las necesidades de abrigo e intimidad con las del espacio vital indispensable para no perder totalmente la relación con el entorno y la dimensión mental de libertad.

El “trompe d´oeil”, que podríamos traducir como un error o engaño óptico, viene afirmándose en las modas europeas de los últimos años, del brazo del creciente sentimiento ecológico que, cuando no está politizado, es capaz de rescatar elementos profundamente humanos y naturales que el siglo XX había perdido paulatinamente desde su nacimiento, entre hierros, humos, violencias y vanidades. Esta moda consiste, básicamente, en pintar las paredes de manera que parezcan ventanas abiertas a paisajes naturales o simulen rincones de cálidos ambientes inexistentes, o salidas a balcones que se asoman sobre una arquitectura fantástica y bella, que no es, evidentemente, la que en la realidad corresponde a la simplicidad de la moderna vivienda.

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