GLANDULA PINEAL

DR. ANTONIO ALZINA

Evolucion filogenética y aspectos

morfofuncionales. Historia, concepto y etimología

El cuerpo o glándula pineal posee una morfología externa muy parecida a la de una piña, lo que le ha valido la denominación de cuerpo pineal. En Grecia se llamó konarium, por encontrarle parecido a un tronco de pino. De esta primitiva raíz etimológica solo se ha conservado el término de nervio conario aplicado a las fibras que acceden a la glándula por el cono de la misma.

Se trata de una pequeña estructura que emerge de la porción postero-superior del diencéfalo, se apoya sobre la lámina cuadrigémina y está rodeada de una rica red vasculo-nerviosa y fuertemente adherida a las meninges.

La función de esta glándula, durante milenios, ha sido un enigma que ha sufrido gran cantidad de interpretaciones, pues ha llamado la atención desde los tiempos más remotos.

En el marco de las culturas orientales, en especial en la hindú y tibetana, existe desde muy antiguo el convencimiento de la existencia del llamado “ojo místico” o “tercer ojo”, gracias al cual se poseería la capacidad, en potencia, de la clarividencia. Esta capacidad permite al iniciado en este poder, tener conciencia real de los acontecimientos presentes, pasados y futuros, así como de la esencia sutil de las cosas o seres animados. La filosofía oriental lo relaciona con los chakras vitales y centros psíquicos superiores: el segundo o el sexto, según se cuente de arriba abajo o de abajo arriba. Gracias a este chakra, llamado Frontal, se puede conseguir la clarividencia y el desdoblamiento en el mundo psíquico.

Guardando una cierta relación con esta filosofía, y también desde hace milenios, encontramos en la cultura occidental la localización de importantes “funciones espirituales” en las estructuras que nos ocupan; aunque la raíz pueda ser la misma, la evolución conceptual en Occidente ha sido mucho más pragmática.

Galeno, que vivió en el siglo I y fue médico del emperador Marco Aurelio, recibió la herencia de las enseñanzas de Aristóteles y de la escuela del sabio Hipócrates. Sus teorías fueron la principal fuente del conocimiento de esta rama de la ciencia hasta mediados del siglo XVII. Galeno cita el interés de los antiguos anatomistas griegos por un órgano situado encima del acueducto del cerebro y cuya existencia era impar.

Parece probable, según los comentarios de Claudio Galeno, que fuese Herófilo el primero de los griegos en mencionar el órgano pineal y en atribuirle la función reguladora del paso del pneuma o “espíritu” del tercer al cuarto ventrículo. De esta manera surge la base de la primera teoría mecanicista conocida sobre el funcionamiento de la pineal como órgano valvular regulador de la salida del “flujo de pensamiento” fuera de los ventrículos laterales del cerebro.

Sin embargo, Galeno opina muy acertadamente que el complejo pineal se halla situado fuera del sistema ventricular, por lo que difícilmente puede actuar como válvula. Por el contrario, apunta la relación topográfica vascular tan importante que este complejo tiene con la desembocadura de las venas cerebrales y los grandes senos venosos, por lo que le atribuye una función de “puente” entre los vasos cerebrales y el propio cerebro, a la manera de lo que hoy podríamos llamar una función glandular.

En el siglo XVII, por primera vez, aparece una ligera variante de este concepto gracias a Descartes, el que, tal vez influido por la filosofía de su tiempo, le dará un sentido si cabe más metafísico acercándose un poco a la concepción tibetana. La llama la Glándula H y dice de ella que es el órgano donde el alma ejerce su influencia sirviendo de comunicación entre el cuerpo y el espíritu.

Descartes explica su hipótesis diciendo que los estímulos del mundo exterior son captados por los ojos; a través de ellos son conducidos al cerebro, y de este pasan a la pineal a través de lo que él llamó “cordones cerebrales”. La pineal respondía, entonces, permitiendo el paso de diversos “humores”, que a través de “canales o poros” de las paredes de los ventrículos cerebrales, llegaban hasta los músculos provocando las respuestas adecuadas.

Es curioso observar cómo persiste en este autor el concepto mecanicista lanzado por Galeno, pero llama poderosamente la atención el bosquejo simple y un tanto ingenuo, “casualmente” muy aproximado al concepto actual de la pineal como órgano transmisor neuroendocrino.

Esta concepción perdura hasta el año 1898, en el que Heubner señaló en una publicación la relación existente entre un tumor pineal y la aparición de una pubertad precoz en un niño. Tras este dato experimental, clínico y objetivo, señalado por otros autores, se suceden múltiples investigaciones, y el estudio del misterio epifisario o pineal entra en su fase plenamente experimental.

Se realizan importantes estudios filogenéticos en los que aparecen datos muy sugestivos sobre la naturaleza fotorreceptora en los vertebrados inferiores, así como su evolución a estructura fundamentalmente secretora en los mamíferos.

Sin embargo, las malas condiciones experimentales y la tecnología insuficiente dieron lugar a resultados contradictorios. Todo ello, unido a la certeza de que la pineal se calcificaba, y a la afirmación, a veces obstinada, de los anatómicos de que estábamos frente a una estructura atrófico-regresiva, hizo abandonar gran número de trabajos, aunque nunca se abandonaron totalmente. Será desde el año 1940, y especialmente a partir de la década de los 60, cuando se retomen con fuerza los estudios sobre la epífisis o cuerpo pineal. Así podemos citar a autores de la importancia de Holmgren, Bargman, Wurtman, Axelrod, Bardasano, Vollrath y varios cientos más.

Aspectos topográficos y morfológicos generales

La situación topográfica de la pineal, desde los vertebrados infe­riores a los mamíferos, no difiere gran cosa, ya que está situada en todos ellos en el centro del cerebro.

En los vertebrados inferiores, a excepción de las serpientes y las aves, en las que sólo hay una estructura u órgano epifisario, existen otras estructuras de origen encefálico (concretamente del diencéfalo) que se denominan órganos pineales accesorios, tales como el órgano frontal de los anuros y el ojo parietal de los lacértidos.

Por ello, sería más correcta la denominación de complejo pineal o epifisario, antes que la de cuerpo pineal aislado, ya que incluso en especies superiores, aunque estructuralmente solo existe un órgano pineal, este funcionalmente parece estar sistematizado en zonas encargadas de regir aspectos fisiológicos distintos.

Funcionalmente, también llama la atención la similitud filogenética de predominio fotosensorial en los vertebrados inferiores y de predominio secretor en los mamíferos.

De cualquier modo, aunque los complejos pineales de los diferentes animales, y sobre todo mamíferos, tienen un origen de desarrollo y topografía común, existen numerosas variaciones respecto a la forma y posición de la glándula, que se clasificarán basándose en la relación de proximidad de la pineal con el tercer ventrículo.

Células pineales

Prescindiendo de algunas peculiaridades, los tipos celulares comunes son tres:

a) célula fotorreceptora: la más típica de esta glándula. Es admitido que su gran similitud funcional y evolutiva permite compararla con los conos y los bastones de la retina.

b) célula ganglionar: aún hay grandes dudas respecto a su funcionalidad y lugar de terminación de sus impulsos.

c) célula glial o de sostén: su función no está plenamente establecida, aunque son elementos con funciones propias de su origen glial.

A continuación, y siempre en la escala filogenética, destacaremos brevemente los aspectos más interesantes desde el punto de vista morfológico, bioquímico y fisiológico.

Peces

Como ya se ha comentado, el complejo pineal consta de dos estructuras: el órgano pineal y el órgano parapineal.

El órgano parapineal es bastante variable según las especies, no existiendo en estadios juveniles, pero sí es constante en las formas adultas. En casos excepcionales, como por ejemplo el Labeo umbratus, posee órgano parapineal y no tiene glándula pineal.

Es interesante destacar que en los peces teleósteos existe la llamada “ventana pineal”, que consiste en una especialización transparente del tejido que cubre el órgano pineal y que permite que la luz llegue más fácilmente a estimular el órgano.

En el aspecto fisiológico, se han detectado dos grandes funciones en la pineal de los peces: fotorreceptora o fotosensible y secretora.

En el órgano parapineal se ha descubierto la presencia de otras células que proceden de la línea sensorial y de significación funcional desconocida. Desde el punto de vista funcional, las conexiones nerviosas del órgano parapineal sugieren relaciones funcionales con el cerebro y, por supuesto, con el órgano pineal. Destaca la presencia de la serotonina, y se sospecha un papel también en la producción de la otra hormona típicamente pineal: la melatonina.

Anfibios

También suelen poseer dos estructuras que forman el complejo pineal: la epífisis y el llamado órgano frontal. En los anuros las dos están presentes. En los urodelos falta el órgano frontal.

Su situación topográfica no difiere mucho de la de los peces, y la encontramos en el techo del diencéfalo.

El órgano frontal, presente solo en los anuros, tiene una situación extracraneal debajo de la epidermis y entre los ojos laterales, observándose con frecuencia una mayor palidez en la piel que lo recubre.

En lo fisiológico, lo más destacable parece ser una evidente relación entre la producción de melatonina y los cambios de coloración de la piel de los anfibios. Lo que no termina de comprenderse es su mecanismo de actuación, ya que la hormona que actúa en la piel, a nivel de los melanocitos, es la MSH; se piensa de momento que la melatonina actuaría a nivel de los melanocitos dermales, y la MSH, de los melanocitos epidermales.

Reptiles

Aquí ya aparecen algunas variaciones con respecto a las anteriores especies analizadas.

Un 60% de los reptiles posee dos estructuras pineales: la pineaI o epífisis y el ojo parietal, también llamado tercer ojo, que se presenta con mayor frecuencia en las especies con mayor vida subterránea.

La situación topográfica es semejante a las otras especies: situándose el ojo parietal por delante de la pineal y emergiendo hacia la superficie, donde hace una ligera protrusión en el agujero parietal.

En el aspecto secretor, y mediante técnicas avanzadas de histoquimia, inmunofluorescencia y radioinmunoensayo, se han podido detectar en la pineal de los reptiles sustancias tales como indoleaminas (noradrenalina, serotonina, dopamina, etc.), y la melatonina que es segregada con los típicos cambios circadianos, con baja producción diurna y alta durante la noche, ritmo muy evidente en primavera-verano y más discreto en otoño-invierno.

El ojo parietal o tercer ojo de los lacértidos, ha sido muy estudiado en la pasada década de los setenta, particularmente en lo que se refiere a su estructura. Un 66% de los reptiles posee esta estructura bien desarrollada, un 12% en regresión y un 22% carece de ella; en este último caso se trata de especies que habitan en latitudes bajas, mientras que los que habitan en latitudes altas muestran una presencia casi constante del ojo. Los que hacen vida subterránea muestran una tendencia a la regresión.

El ojo parietal, embriológicamente, forma un esbozo común con la glándula pineal, terminando por constituir un órgano vesicular, con una córnea, una lente (cristalino) y una retina con su tracto nervioso, denominado nervio parietal.

Se le atribuyen funciones de atencionalidad, modulación térmica y elaboración de sustancias antirraquíticas.

Ya que los lacértidos son animales de sangre fría, se estima que este órgano pueda ser de vital importancia para ellos, en relación con una acción fotobiológica y de información precisa de los movimientos solares y cambios climatológicos.

Aves

La estructura epifisaria tiene una gran variabilidad debido al gran número de especies diferentes, por lo que es más difícil establecer parámetros generales absolutos.

Lo que sí es una característica propia de la especie es la presencia de un solo órgano pineal.

El órgano pineal, al igual que el de los reptiles, es productor de indoleaminas o grupo de compuestos pineales que destacan como neurotransmisores (noradrenalina), principios hormonales activos (melatonina) o precursores hormonales (serotonina).

La producción cíclica de melatonina en las aves arroja niveles diez veces menores durante el día que durante la noche, Por el contrario, la serotonina pineal alcanza sus niveles máximos hacia el amanecer. Aparecen variaciones en la bioquímica pineal de las aves –así como en los mamíferos– que muestran relación no solo con los ritmos estacionales, sino con el ciclo o actividad sexual.

Otro aspecto interesante dentro de la relación pineal-cerebro es la actividad hipnótica, hasta conducir al sueño, que posee la melatonina: experimentalmente induce en dos minutos un periodo de sueño de una hora. Esto llevó a la conclusión de que la melatonina produce un retraso en la aparición del sueño paradójico y una disminución del tiempo total.

La función más evidente demostrada en la pineal de las aves es la regulación de la actividad locomotora y de la temperatura.

La extirpación de la pineal en especies como el gorrión, afecta al ritmo migratorio estacional e incluso a su actividad locomotora diurna, que solo puede ser recuperada por implantación quirúrgica de pineales. No se conoce todavía el mecanismo de regulación de la actividad migratoria de las aves, pero es seguro que esta en relación con la naturaleza luminoso-dependiente y cósmico-dependiente de su glándula pineal.

Mamíferos

La gran diferencia con respecto a las otras especies radica fundamentalmente en su mayor complejidad histofisiológica, en la ausencia de elementos fotosensoriales (como si hubiera sobrevenido una brutal regresión) y en su carácter casi puramente neurosecretor.

Su presencia es constante en casi todos los mamíferos, exceptuando los animales desdentados y algunos sirénidos, siendo atrófica en cetáceos y elefantes (desde el punto de vista de su tamaño, ya que su funcionalidad está por estudiar).

En estudios muy recientes, se considera de gran importancia el hecho de que en zonas de baja latitud aparecen pineales de menor tamaño que en los que habitan en zonas de mayor latitud.

En relación con la edad, se presenta un aumento progresivo del peso de la glándula desde el nacimiento hasta los cuarenta años; a partir de entonces, se inicia una curva descendente con pico más bajo a los sesenta, a partir de cuando vuelve a ascender.

El desarrollo de la glándula pineal ha sido perfectamente estudiado y sistematizado en la rata, y su patrón, salvo excepciones lógicas, es asimilable en términos generales.

En la especie humana aparece en el 2.º mes del desarrollo uterino, cuando el embrión mide de 6 a 8 mm, a partir de tres esbozos:

1) es el equivalente alojo parietal ya mencionado, y queda atrofiado;

2) es el que da origen a la pineal,

3) es un esbozo paraepifisario que no se desarrolla.

El tipo celular más frecuente en los mamíferos es el pinealocito (82%) y las células gliales (oligodendroglia y astrocitos). Además, está la discutida célula intersticial (pinealocito modificado o célula glial en transformación). También, en pequeña proporción, hay ependimocitos, células nerviosas, plasmocitos, linfocitos, fibroblastos, mastocitos y fibrositos.

Hoy en día, lo que más llama la atención en la citología son las llamadas cintas sinápticas, posible reminiscencia de la función fotosensorial de la glándula. Estos “synaptics ribbons” tienden agruparse en los “ribbons fields“, de significado desconocido.

La zona cortical de la glándula parece menos activa que la medular, y globalmente su actividad eléctrica es mayor de noche que de día. También es muy llamativa la presencia de células musculares estriadas en la región del tallo de la glándula, y siempre corticales; esto ocurre en la rata, el murciélago, la vaca y el hombre. Su significado, de momento, es desconocido.

Los calcofosfitos o calcificaciones pineales son conocidos desde la época de Galeno. Hoy, al contrario que en tiempos pasados, se piensa que no se relacionan en absoluto con la atrofia o degeneración de la glándula, sino que son solo una expresividad metabólica de la misma. Son casi específicas del hombre y los ungulados, con la peculiaridad de que, si bien el lugar inicial de formación de la calcificación es el pinealocito, estas células nobles de la pineal no se calcifican jamás. El porcentaje mayor de calcificación se da en hombres más que en mujeres, a excepción de las mujeres africanas, que muestran una incidencia mayor que en hombres.

Dejaremos un desarrollo más amplio de este trabajo en mamíferos y en el ser humano para otra ocasión. Pero con los datos ya aportados y lo que se vislumbra dentro de lo mucho que la ciencia actual ya sabe de esta pequeñísima y maravillosa glándula, podemos destacar como conclusión, dejándonos llevar –como diría el Dr. Martínez Soriano– por una fantasía no exenta de una base real, la posibilidad de que el complejo pineal y sus relaciones con el medio externo y sus controles sobre el interno, constituya un auténtico computador que rige la evolución biológica del individuo aislado. Su desgaste sería el detonante que pone en marcha la aparición de las diferentes enfermedades metabólicas que puede sufrir un sujeto a lo largo de la vida. Y este desgaste estaría regido por un código genético que abriría un nuevo concepto biológico, capaz de explicar el porqué de la vida y de la muerte y la relación del individuo con el cosmos, del que forma parte inseparable.

Extraído del libro: Medicina para el cuerpo y para el alma