MOVIMIENTOS DE LA TIERRA

RAYSAN

La Tierra tiene diversos movimientos que se cifran en más de una decena, de los que en nuestra ciencia a pie de calle, las gentes apenas conocemos unos pocos que no sabríamos ni siquiera demostrarnos convincentemente a nosotros mismos. De entre todos ellos destacaremos los cuatro siguientes.

Rotación sobre su propio eje

Considerando el eje imaginario que une los dos polos (N y S), la Tierra realiza un giro total respecto a él que dura 23 horas 56 min, en un sentido contrario al que realizan las agujas del reloj, desde el oeste hacia el este, y por ello nos parece que el Sol se mueve de este a oeste.

A este movimiento se debe la sucesión de los días y las noches, ya que alternativamente este giro hace que la cara que es iluminada por el Sol pase unas horas después a darle la espalda. De no existir este giro, quedaría una cara iluminada por siempre y la cara opuesta siempre en la oscuridad.

Se puede corroborar la rotación terrestre por distintos métodos, como por ejemplo:

* El péndulo de Foucault, con el que Foucault demostró que la Tierra se movía en rotación, ya que un péndulo se mueve en un plano invariable, y en cambio, al cabo del tiempo, dicho péndulo marcaba en un suelo de arena trazos que eran radiales, pues era la Tierra la que se desplazaba respecto a él.

* La caída libre de un cuerpo, por ser diferente según se mida en los polos o en el ecuador. Esto se debe a que un cuerpo en caída libre en el vacío debería seguir una trayectoria perfectamente recta, como así ocurre en los polos, pero debido a la existencia de la rotación, al desplazarnos en latitud hacia el ecuador la trayectoria se desvía ligeramente. Dicha desviación es en el ecuador de 33 mm al caer un cuerpo desde 100 m de altura.

Traslación

Por este movimiento, la Tierra se mueve alrededor del Sol, empleando en ello 365 días y un cuarto de día. Describe una trayectoria elíptica de 930 millones de Km de longitud, manteniendo una distancia media respecto del Sol de 150 millones de Km. La Tierra se desplaza a una velocidad de 29,5 Km/seg., siguiendo una órbita elíptica, y recorre por lo tanto 106.000 Km en una hora.

Que la trayectoria sea elíptica –estando el Sol ubicado en uno de los focos de la misma– implica que hay una distancia mínima al Sol en la posición llamada “perihelio” (a primeros de enero), y una distancia mayor llamada “afelio” (a primeros de julio).

Si la Tierra no estuviera sometida a traslación y tan solo rotara, al observar el cielo en cualquier noche del año veríamos pasar los mismos grupos estelares (constelaciones), pero debido a la traslación, estas aparecen la noche siguiente 3′ y 56″ antes.

Movimiento de precesión

Por no ser totalmente esférica la Tierra, el Sol y la Luna atraen el ensanchamiento ecuatorial, provocando un ligero “balanceo” del eje terrestre a medida que se traslada. Es decir, oscila alrededor de su posición teórica de traslación, y lo hace en sentido inverso al de rotación, o sea retrógrado, siguiendo el sentido de las agujas del reloj.

Así, el eje de la Tierra describe un cono cuyo vértice está en el centro de la Tierra, y con un ángulo de abertura de 47 grados, tal como cabecea una peonza en su desplazamiento.

Prolongando el eje terrestre, hallaríamos en la lejana bóveda estrellada la posición de un Polo Celeste imaginario, en el cual se sitúa actualmente, y hasta el año 2015, la estrella que ahora llamamos Polar –pues nos indica su posición–. Pero, a raíz de este movimiento de precesión de los polos, dicha estrella no es siempre la misma, pues al describir el eje un ligero círculo, volverá a coincidir con la Estrella Polar actual sucesivamente cada 25.765 años, período al cual llamamos un año sideral o año solar.

Curiosamente, cuando los egipcios construyeron las grandes pirámides, hace 4500 años según nuestra ciencia oficial (tal vez 4500 años + un múltiplo de 25.765, como señalara H. P. Blavatsky), nos indicaron en su obra que la estrella llamada Polar era la estrella Alfa de la constelación del Dragón.

Movimiento de nutación

Debido a que la atracción de la Luna no siempre posee la misma intensidad, el movimiento de precesión no supone un balanceo según un cono perfecto, sino con un ligero vaivén de la generatriz superior de dicho cono. Esta leve ondulación se da con un período de duración de 18,6 años, como si la generatriz del cono de precesión describiera una pequeña elipse.

Reflexiones y analogías

¿Cómo pueden darse estos movimientos, complejos y armónicos que pueden durar millones de años y que, pareciéndonos eternos y consustanciales a la existencia del planeta, se atribuyen incluso al propio movimiento?

Actualmente se piensa que la fuerza centrífuga generada al salir despedidas las partículas de la primera explosión (big-bang) puede mantener en rotación constante a un cuerpo. Pero, como ya dijera esa gran científica del siglo XIX que fuera H.P. Blavatsky (1), cuando se pregunta “¿qué origina la fuerza centrífuga en un cuerpo?”, se contesta que es la rotación. Y cuando se pregunta “¿qué es lo que origina la rotación indefinida de un cuerpo?”, se contesta que es la fuerza centrífuga.

Pero es obvio a poco que se haya pensado sobre el tema que ningún cuerpo puede estar sometido a una rotación indefinida si esta no es alimentada por una fuerza exterior, dado que la rotación misma no puede producir fuerza centrífuga y esta, a su vez, mantener la rotación eternamente, porque habríamos hallado una máquina de producir un movimiento eterno.

Por otra parte, se considera por la ciencia actual que ante una mayor rotación se produce un mayor aplastamiento de los polos.

Pero el explicar la rotación como causada por las fuerzas centrífugas que se generaron a partir de la primera explosión tiene también sus propias lagunas. H.P. Blavatsky (2) cita, entre otros razonamientos, que “no puede ni explicar el aplanamiento de cada esferoide, ni resolver las evidentes dificultades que presenta la densidad relativa de algunos planetas”. A tal fin comenta: ¿cómo pueden tener planetas como Júpiter, que son menos densos que la Tierra (1/4 parte), poseyendo velocidades de rotación del orden de 27 veces mayores, apenas un aplanamiento 17 veces mayor?; o bien: ¿cómo el Sol, con solo una cuarta parte de la densidad terrestre y una velocidad ecuatorial 4 veces mayor, apenas tiene ningún tipo de aplastamiento polar?

Tras la gran explosión, la inercia del movimiento inicial no puede mantener una rotación sin fin, ni justificar que algunos planetas giren de igual modo perfecto pero en sentido contrario (o retrógrado) a los otros, o que adopten ángulos fuera de la órbita, o se ralenticen, recomponiendo finalmente su figura y adoptando su lugar en el cosmos.

La ciencia actual ha demostrado también que ciertos planetas pueden retrasarse en el recorrido de su trayectoria, acelerando posteriormente y cumpliendo los plazos previstos. Acabamos de citar que el eje de los planetas oscila constantemente, y nuestra ciencia admite que la Tierra ha sufrido al menos cuatro giros completos del eje, pasando las zonas gélidas a convertirse en cálidas y viceversa. Otros planetas mantienen su eje apuntando constantemente hacia el Sol, tal como hace milenios parece ser que hacía la misma Tierra.

Nos cuenta Laing acerca del famoso cometa de 1811, que temiendo que la Tierra pasara por medio de la cola del cometa, parece ser que la Tierra se fue retrasando en su velocidad de modo que no se produjo ninguna colisión, y de tal modo que al final de su recorrido anual recuperó el tiempo perdido acelerándose, manteniendo estable la duración del año. ¿Qué rige por tanto esas supuestas rocas que las hace actuar con cierta inteligencia? ¿Son meros instintos de supervivencia, son meros mecanismos de defensa? Y si ello está contrastado históricamente, ¿qué sensores naturales hacen captar a la Tierra esas circunstancias externas?

(1) Doctrina Secreta. Volumen II. Simbolismo Arcaico Universal. Edit. Kier. Buenos Aires. 1981. Pág. 200 y siguientes. Las teorías científicas de la rotación.

(2) Ídem. Pág. 288.

Notas

(1) Realmente la densidad de Mercurio hoy en día se considera semejante a la de la Tierra (97,80% de la terrestre).

(2) El aplanamiento de Mercurio se considera de valor 0, en tanto que el de la Tierra es 1/298.