DEPORTES EXTREMOS

LOURDES MARTOS

Como consecuencia de la demanda actual de nuevas sensaciones, han surgido toda una serie de deportes de riesgo de lo mas variados: “puenting”, “rafting”…

La actividad es lo de menos, lo que importa es la experiencia en sí, y cómo nuestro cuerpo responde ante estas situaciones al límite. Y es que cada vez más personas emplean su tiempo de ocio en estas actividades, cuanto menos, muy excitantes. Es esa excitación la que atrae a tantos hacia estos deportes, no aptos para todos los públicos, porque si se es de corazón delicado mejor quedarse en casa. El atractivo parece ser el peligro, pues el hombre siempre ha necesitado de emociones fuertes, y cuando la vida no se las proporciona, las busca en alguna otra parte. Quizá el problema sea que la búsqueda de sensaciones fuertes ha sido mal interpretada por la mayoría, pues no creo que sea necesario poner en peligro nuestra integridad física para pasar un rato realmente excitante; arriesgar la vida no resulta nada divertido.

Cabe preguntarse cuales son los motivos por los que estas actividades de riesgo atraen a tanta gente. Tal vez sea la necesidad de experimentar cosas nuevas y sorprendentes que nos hagan sentir, pero ¿sentir qué? Toda persona que está viva, siente, porque sentir va unido a la vida. Así que si ya sentimos de forma natural, es absurdo, en principio, buscar sensaciones artificiales y casi precocinadas. Por pura lógica se puede afirmar que si se busca algo fuera es porque tal vez nuestra vida no nos proporciona las experiencias que necesitamos o que creemos necesitar. No hablo de personas que no sientan, eso es imposible, pero seguramente su vida les resulta demasiado rutinaria y previsible para poder considerarla excitante.

Siendo esto así, la aceleración con la que vivimos y la caída de los valores tradicionales son factores muy a tener en cuenta. Es normal que si alguien no siente “nada” en su vida cotidiana, trate de buscarlo en alguna otra parte, pero por desgracia esta no es la solución; eso solo sirve para ir tirando, porque lo que hay que pensar es por qué no se siente “nada” y tratar de solucionarlo de la forma más rápida y eficaz.

Resulta bastante curiosa esa sensación de vacío que está tan extendida en nuestra sociedad y que provoca monotonía y tedio. La rutina es algo normal en el día a día, pero no tiene por qué ser nada malo, no tiene que hacernos tanto daño ni sumirnos en un estado de desencanto y pesimismo. Hay que convivir con la rutina, pero sabiendo sacarle provecho, tratando de dar la vuelta a las situaciones adversas y lograr que el viento sople a nuestro favor, esto es, ser optimista. Este optimismo es el primer paso necesario para salir de ese círculo vicioso del vacío interior, así que hay que tratar de buscarle el lado bueno a cada cosa que hacemos a lo largo del día. Así, si se empieza , por ejemplo, a ver el trabajo, más que como una pesada obligación, como un medio de realizarse y ser útil a la sociedad, este puede ser el inicio de un cambio radical en nuestras vidas, y a cada cosa le sacaremos mucho más partido de lo que nunca creímos.

Por lo tanto, es importante que la mayoría de las labores cotidianas tengan algún sentido para nosotros, y si es posible, que nos atraigan o que tengamos cierta vocación para realizarlas más a gusto y en armonía. Por eso, si nuestro trabajo se convierte en una actividad gratificante, y el volver a casa, supone el poder disfrutar de unos momentos en familia para compartir lo vivido a lo largo del día, esa sensación de vacío irá desapareciendo casi sin darnos cuenta.

Llegados a este punto, ¿qué necesidad puede tener una persona de esos deportes de riesgo ahora que ya es capaz de sentir por sí solo?

Realmente son imprescindibles ciertos cambios, pequeños momentos para nosotros y para nuestro disfrute personal, pero en este caso no solo existen los deportes extremos, sino que existen miles de actividades mucho más seguras e igualmente divertidas que nos pueden llenar: algún hobby que ejercer en las horas libres o en el fin de semana, y si le gusta el deporte, que es realmente muy recomendable, me permito decir que no hace falta “tirarse por un puente”, que en realidad es mucho mejor realizar cualquier tipo de actividad física (fútbol, baloncesto, footing, etc.), o pasear por un río con toda la familia; eso es lo de menos, lo difícil es saber ver que la vida es una aventura en sí misma y no hace falta ir a buscar aventuras fuera.

Saber darle a la vida riesgo, intriga o emoción depende solo de cada uno, nadie puede hacerlo por nosotros. Por desgracia, el afán aventurero o las experiencias no pueden comprarse, hay que buscarlas, y saber crear a nuestro alrededor una cierta atmósfera que atraiga esas experiencias y retos que tanto deseamos. Nosotros somos los que hacemos de las experiencias algo rutinario o algo excitante, según la emoción que asociemos a cada uno. Por eso, con un espíritu aventurero y positivo, de pronto la vida se llena de sensaciones, de sueños, y adquiere un sentido y equilibrio que jamás imaginamos.

En resumen, todo aquel que desee practicar deportes de riesgo que lo haga, pero habrá muchos otros que prefieren tener experiencias por sí mismos, y salir victoriosos de ellas. Jamás pondrían en peligro aquello que les fue dado: la vida, porque tienen ese profundo sentimiento de respeto y de amor hacia su vida y la de los demás. Así que, cada cual a su manera que busque lo que necesita pero sin olvidar que no hay mayor aventura que vivir disfrutando del paseo…