PARA SER UN BUEN VOLUNTARIO

 

DELIA STEINBERG GUZMÁN

Saber que no siempre se ayuda con objetos materiales, sino que el acercamiento humano, la posibilidad de compartir sentimientos e ideas es, hoy por hoy, una de las ayudas más apreciadas en un mundo en que buena parte de la gente se siente sola.

Saber que para ayudar hay que darse a sí mismo, volcarse íntegramente en lo que hacemos.

Saber que una ayuda concreta requiere conocimientos concretos y prácticos acerca del buen resultado que queremos obtener. Es decir, que mal podemos colaborar con el que acaba de perder su vivienda si no sabemos reconstruir una vivienda (o conseguir personas que la reconstruyan bajo nuestra responsabilidad).

Saber que una ayuda humana requiere conocimientos concretos acerca del ser humano. Consolar, reconfortar, proponer nuevos pasos en la vida, son bienes que solo pueden ofrecer los que se conocen a sí mismos y saben cuáles son las necesidades del alma y los alimentos del alma.

Saber que todos tenemos algo para dar. La generosidad no es algo exclusivo de algunos pocos. Cada uno posee algún bien, algún valor concreto o íntimo, alguna característica humana que puede ayudar a quienes carecen de ello.

Saber ponerse en el lugar de los demás, sentir lo que sienten, entender lo que piensan, entrar en contacto real y no superficial. Salir de la cáscara del individualismo que nos convierte en centro y eje del mundo.

Saber que ayudar es servir con alegría. El entusiasmo multiplica el valor de lo que ofrecemos por muy poderoso y perfecto que sea desde el punto de vista técnico.