HORACIO LABAT

El grial, ¿símbolo de la gracia?, ¿acercamiento y participación en lo divino?, ¿encuentro de Dios consigo mismo en el hombre?, ¿unión transformadora de la criatura con el modelo divino?, ¿conocimiento directo de Dios y de su Verbo? Tema trascendental para el misticismo de Occidente…

Por lo general, se supone que el Santo Grial tiene alguna relación con Jesús. Según algunas tradiciones, fue la copa de la que bebieron Jesús y sus discípulos en la última cena. Otras dicen que fue la copa que José de Arimatea utilizó para recoger la sangre de Jesús crucificado. Pero si el grial estaba tan íntimamente asociado a Jesús, ¿por qué durante más de mil años no se hizo absolutamente ninguna alusión a él? ¿Dónde estuvo durante todo este tiempo? ¿Por qué no figuró en la literatura, el folclore o la tradición anteriores al siglo Xll de nuestra era? ¿Por qué una cosa de tanta importancia para el cristianismo permaneció aparentemente oculta durante tanto tiempo?

Toda profundización en el tema que nos ocupa debe comenzar por una consideración sobre el origen etimológico del grial, sus aspectos, sus características, su ética, la idea del centro del mundo, la demanda o búsqueda del grial, sus pruebas, la caballería terrena y la caballería celeste, y el héroe del grial.

La Caaba, principal santuario del islam en la mezquita de la Meca, tiene forma cúbica y en su pared oriental interna está la Piedra Negra que besan los peregrinos. Nos dice la tradición que el patriarca hebreo Abraham, nacido en Ur, Caldea, por el 2000 a.C., con su hijo Ismael, nacido de la esclava Agar, recibió la orden de Dios de levantar un templo, y no sabiendo dónde ni cómo erigirlo preguntó al Señor. Este mandó una nube negra que se posó en el aire: en ese punto geográfico y con las mismas dimensiones y color de la nube, el padre y el hijo hicieron su obra. «Haznos conocer el culto», pidieron. Vino entonces el arcángel Gabriel, que trajo la piedra negra. ¿Fue un jacinto lo que trajo Gabriel, que se convirtió en piedra negra en presencia de una mujer impura? ¿Se trata en verdad de una piedra meteórica de color rojo oscuro? En cualquier caso, el correspondiente islámico del grial, como símbolo de los centros espirituales de la Humanidad, es la Piedra Negra de la Caaba.

Desde el siglo VIII de nuestra era, coexistimos con el problema teológico e intelectual planteado por la coexistencia y el valor respectivo de las tres fes: judía, cristiana e islámica. Y ya desde esa época, la parábola de los tres anillos trata de darnos una solución: un padre entrega un anillo a cada uno de sus tres hijos: ¿cuál es el mejor?, se preguntan cada uno de los hijos, imbuidos de la gran herejía de la separatividad y prontos a catalogar. Por su naturaleza y sus características, los tres hijos son diferentes, por lo que el padre les entrega anillos diferentes adaptados a sus posibilidades y necesidades, aunque complementarios, porque el padre quiere lo mejor para todos sus hijos. Pero ellos no lo entienden ni lo viven. La clave está en el uso que cada hijo haga de su anillo, para ser cada vez más fiel reflejo del padre. Estas tres ramas del monoteísmo, de raíz abrahámica, deberán actualizar el misterio profético permanente de Melki-Tsedeq.

El islam, abierto por vocación a todas las formas de revelación auténticas proféticas o sapienciales, jugó un especial papel de integración con mazdeístas, herméticos, pitagóricos, platónicos, cristianos y judíos.

El mensaje de trascendencia de las tres ramas monoteístas para mejor aprovechar las posibilidades que la era astrológica de Piscis otorgaba a la Humanidad aparece en las Escrituras con el tema del Rey del Mundo, Sacerdote del Fuego, Melki-Tsedeq, bendiciendo a Abraham en nombre del Dios Altísimo, y por su intermedio a las tres religiones de las que Abraham es raíz. La Orden del Grial, a través de todas las épocas y todas las tradiciones, es una expresión de la Orden del Fuego de Melki-Tsedeq. De la conciencia efectiva de la unidad esencial de las tres tradiciones monoteístas dependía la restauración de la soberanía del grial, es decir, el cumplimiento del «misterio imperial» que salvaría al Occidente de la decadencia por escisión política y religiosa. Más tarde, también en la literatura, Dante replantea el problema como gibelino que era (partidario de los emperadores de Alemania, en Italia, durante la Edad Media, contra los güelfos, defensores de los papas).

Dentro de la tradición primordial representada por el grial, hay entonces una vertiente occidental (la copa, piedra profética de los celtas, pasa a ser la copa que contuvo la sangre de Cristo: el dogma de la transubstanciación, conversión total de una sustancia en otra, la eucaristía como expresión de la última cena, en que el cuerpo y la sangre de Cristo se convierten en la hostia-pan y el vino en la copa). Y otra oriental (piedra de la revelación bajada al cielo oriental). La tradición occidental se manifiesta a finales del siglo XII como resultado de la influencia de las Cruzadas, después de su contacto con Oriente, en el fértil terreno europeo preparado por el renacimiento céltico-cristiano o neodruismo que tuvo lugar en el siglo XI. A esta corriente pertenecen las obras literarias del ciclo del grial de Chrétien de Troyes, Robert de Boron, Monnessier, Gerbert de Montreuil y los trabajos sobre Lancelot y la muerte de Arturo. La Orden del Císter y la Orden de San Benito canalizan en lo fáctico esta tendencia. La filiación oriental aparece en la literatura con el Parzifal de Wolfram von Eschenbach y el Nuevo Titurel de Albrecht (1270). La doctrina de la Orden del Temple canaliza esta tradición. La enseñanza del Grial es un magisterio esotérico (monje-guerrero, sacerdote-rey), magisterio distinto al de la Iglesia.

La obra de Wolfram von Eschenbach es una de las ramas principales y primitivas del mito del grial. Por esos siglos, el islam era inspirador y guía para las minorías responsables del desenvolvimiento y canalización de las tres religiones monoteístas. Ibn Arabi, Ibn Masara, Ibn Farabi, Avicena y Averroes, entre otros menos conocidos, inspirarán la producción de san Alberto Magno, santo Tomás de Aquino, Escoto y otros. La ciencia occidental es por entonces totalmente árabe: Ptolomeo y Euclides llegan, a través de España y Sicilia, en el siglo XIII, a las cátedras de Oxford y Chartres.

La hermandad de los constructores de catedrales, y los gremios artesanales en general, fueron organizaciones inciáticas con una clara huella de influencia islámica. La tradición hermética, de aquel Hermes Trimegisto de nombre griego aplicado al dios egipcio Thot, pasa de Geber a Roger Bacon, más allá de las diferencias exteriores de los dogmas: así llega la alquimia a nuestros días. Von Eschenbach nos habla de un maestro provenzal, que había recibido el bautismo, que bajo el seudónimo de Kyot encuentra en un taller alquimista en Toledo unos manuscritos árabes abandonados: recoge en España la tradición árabe, narrándonos la vida de un doctor en ciencias cosmológicas, Flegetanis (descendiente de una antigua familia de Israel), que lee el nombre del Grial en las estrellas y ve cómo los ángeles lo bajan a la tierra, para entregarlo en custodia a «los únicos hombres de esencia angelical (que por el misterio del bautismo estaban a salvo de las insidias del Maligno): los cristianos». El grial es llevado luego a la India, lugar donde se situaba entonces el Paraíso terrenal. El misterio del grial, como misterio del conocimiento, de la iniciación, de la transmisión iniciática, como misterio de los centros espirituales del planeta, tiene entonces existencia cierta, es de origen celeste, de fuente islámica, y su presencia en Occidente está bajo la custodia de los cristianos. ¿Dónde? El relato nos habla de Gahumret, hermano menor del rey de Anjou, que rechaza la vida de la corte e inicia el viaje en busca de sí mismo marchando a Asia y África, para pasar luego por Irlanda y regresar después a la Provenza. Es el padre de Feirefiz (Oriente) y de Parzifal (Occidente), representantes de la caballería andante oriental y occidental. La copa de caballería representa las bebidas iniciáticas de las cuatro ciencias: la ciencia del espíritu (vino), la ciencia absolubta (agua), la ciencia de las leyes reveladas (leche) y la ciencia de las normas sapienciales (miel).

La conquista para nuestro mundo de la Ciudad Divina, el proyecto y la obra interrumpida de los templarios, buscar en Europa la paz espiritual, se dio a través de una relación iniciática con el islam, creando lazos de fraternidad espiritual con órdenes musulmanas como la de los Asesinos («guardianes»), creada cincuenta años antes de que se instituyese el Temple en 1118. La auténtica Tierra Santa del esoterismo medieval, el centro espiritual supremo de la época, es el conocido para nosotros como Reino del Preste Juan, relacionado en Asia Central con La Agartha, Reino Oculto del Rey del Mundo.

En la tradición occidental, la búsqueda del grial completa la realidad de Arturo como poder temporal, de la misma manera que el cielo completa a la tierra y que la caballería celeste completa a la caballería terrestre. El Rey del Cielo confiere al hombre dos llaves, dos listerios: la del imperio (que es de plata) y la del sacerdocio (que es de oro).

En la mitología celta, Arturo (fiel agente de Merlín) es el imperio con su espada Excalibur, y Merlín es el sacerdote con la jefatura espiritual de los pueblos celtas. A la Hora de la Segunda Venida, las dos autoridades, sacerdotal y real, volverán a estar reunidas en una sola augusta cabeza: la tradición chiita nos dice lo mismo cuando explica la función del Mahdí.

Si el Lugar Central, la Montaña Polar, la Isla Seca, en las diferentes tradiciones adquiere los nombres de la Tule hiperbórea, la Avalón céltica, el Merú hindú, el Olimpo griego, la Colina de Sión para el cristianismo y el judaísmo, en el Islam tenemos la Monbña Qaf, o Montaña de los Santos, o Montaña Blanca, situada en la Isla Verde.

La Piedra Negra es exotérica, mientras el grial es totalmente esotérico. Esto lo podemos explicar con la existencia de una Caaba celestial donde existiría una piedra arquetipo de la Piedra Negra terrestre, que es la que ve y habla, nombra a los imanes y declarará como testigo el Día Postrero.

La noción de la universalidad del grial y de la unidad esencial de las tradiciones implica no solo el ahondamiento esotérico del contenido de los dogmas, sino también la ruptura –por trascendencia– de los límites intelectuales ligados al hecho mismo de su definición, y el derrumbamiento de las barreras religiosas, que se transformarán en puentes, para permitir a la cristiandad reintegrarse al orden tradicional universal frente al triple reto de un nuevo siglo, de un nuevo milenio, de una nueva era astrológica.

Bibliografía

The Rosacrucian Enlightenment (St. Albans, 1975), Yates, F.A.

Parzifal (Nueva York, 1961), Wolkam von Eschenbach.

El Rey del Mundo, Réne Guenon.

Tratado de historia de las religiones, Mircea Eliade.

El islam y el grial (Barcelona, 1984), Pierre Ponsoye.