Desde la crispación de las primeras acciones de las mujeres para recuperar la dignidad y el respeto, a los enfoques más centrados y equilibrados de ahora, ha transcurrido toda una historia de búsqueda y de lucha, por el laberinto social, quizá en ocasiones por caminos equivocados que llevaban a nuevos entramados sin salida. Pero poco a poco se va despejando un camino hacia la deseada concordia, que es el ideal de toda convivencia. De nuevo el ideal de la armonía muestra su vigencia actual.

El mundo será más justo cuando la justicia se instaure en las relaciones entre los seres humanos, lo cual pasa necesariamente por la capacidad, que todos debemos desarrollar, de saber ponernos en el lugar del otro y tratar de entender sus razones y sus motivos. Y no cabe duda que los esfuerzos de millones de mujeres en todo el mundo por conseguir su autonomía y la libertad de acción merecen respeto y apoyo por parte de la “otra mitad” de la humanidad.

El cambio de una sociedad eminentemente patriarcal a una sociedad que garantice a la mujer la igualdad de derechos y responsabilidades deberá producir nuevos enfoques y nuevos instrumentos que hagan realidad las aspiraciones de todos. Para hacer realidad esos cambios se debe contar con los puntos de vista de las mujeres y su participación en los centros de poder. Para ello, hará falta mucha imaginación y capacidad de diálogo, y también mucha firmeza y claridad de ideas, con sus efectos benéficos en todo caso.

Tanto hombres como mujeres estamos inmersos en una búsqueda de identidad, en un proceso de re-definición de nuestros principios y objetivos vitales, he aquí la principal coincidencia y cada cual necesita del otro para resolver la encrucijada y no perderse otra vez por los laberintos, aspirando a una meta siempre difusa. Se abre ahora una fase más interesante, que es la búsqueda conjunta del sentido profundo que tiene lo que estamos viviendo y cómo convertirlo en felicidad, sin que sea la de uno a costa de la del otro. Y la Filosofía, una vez más, nos proporciona métodos y modelos para orientar nuestros pasos. Nunca como ahora se había hablado tanto sobre las mujeres y los problemas que deben enfrentar a diario: las exclusiones, las desigualdades y hasta la violencia que a veces soportan en una sociedad injusta, que invoca principios para no aplicarlos, que embauca con las declaraciones para a continuación contradecir en la práctica con acciones opuestas.

Ana Albo

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