EL BHAGAVAD GITA

 

RAYSAN

Este no es meramente un libro hindú que sirva para entretener y sin nada que aportar a la mentalidad occidental, sino más bien un libro de enseñanzas válidas y además necesarias para el momento actual. Ni es tan solo un libro milenario más antiguo que casi todos los libros conocidos, escrito al menos hace 5000 años y para algunos autores unos 27.000 años atrás. Ni es tan solo un libro sagrado de una religión, la hinduista, que perdida en los albores de nuestra historia escrita apenas nos dice nada…

Ni es tan solo una joya literaria inigualable que rozó la frente de la juventud de las últimas décadas, ansiosa de una libertad real, despertando conciencias dormidas. No busques en él tan solo el exótico Oriente, ni el capricho de una moda pasajera. Este es un libro dormido desde el fondo de los tiempos en el corazón de la Humanidad, que como nos enseñara nuestro Maestro, tiene el poder de despertar el alma dormida, de liberar el alma prisionera.

Es un libro del que se puede aprender a vivir. A través de una guerra entre dos bandos contrarios, los pandavas y los kuravas, en la que figuran hermanos, primos y parientes en distinto grado, que pugnan por conseguir una ciudad, se muestra la lucha del ser humano por conseguir su propia evolución, en lucha con aquellos elementos que pretende vencer y que viven en su propio corazón, como cercanos parientes que, no obstante, debe vencer. Así aparecen las dudas, los miedos, las angustias, el orgullo, la envidia, la pasión, la mentira, las miserias humanas en general y las ancestrales preguntas: ¿quién soy?, ¿qué es la muerte?, ¿adónde vamos?, ¿qué es la evolución del hombre?…

Al leer este libro nos identificaremos con el personaje central, Arjuna, príncipe pandava que es el reflejo de los anhelos y cuestiones que se plantea un hombre cuando su alma aflora, cuando su conciencia se despereza y se pregunta por el propio destino y el destino de la Humanidad, por el sentido de la muerte, por su concepción de Dios, por la existencia de vida más allá de la vida actual, por el valor que tienen distintas acciones realizadas con mejor o peor actitud, y si estas nos llevan realmente a evolucionar como seres humanos.

Krishna, portador en la batalla del carro de Arjuna, como maestro, como voz que alecciona a Arjuna y no tanto como avatar fundador de una religión, le mostrará el camino del yoga para llegar a la unión consigo mismo y los demás seres, pero no un yoga de posturas físicas, sino de profundidad filosófica, en que priman las vivencias sobre las concepciones vacías y retóricas de los libros sagrados.

Le mostrará asimismo “el secreto de la acción”, la manera correcta de actuar, siguiendo lo que nos dicta nuestra conciencia más elevada, nuestra concepción más alta del deber. Para lograr estar más allá de los éxitos y fracasos de nuestra conducta, para alcanzar un desapego de las preocupaciones que nos atenazan, se propugna la renuncia a los frutos de nuestras acciones, el hacer lo que se debe sin esperar otro premio que la propia satisfacción en la conducta correcta. Este es un modo profundo de vivir la dación, la generosidad, en contra del utilitarismo de nuestro mundo actual, que no hace sino aquello de lo que obtiene siempre algo material, siendo esta visión el medio de encontrar el propio centro, es decir, una estabilidad que no depende de lo externo, una armonía sinónimo de alcanzar una sabiduría aplicada y efectiva.

Abunda el Bhagavad Gita en las leyes que rigen la naturaleza y sus ciclos, en la verdadera concepción de la reencarnación –mas allá de la ligereza o pobreza mental con que Occidente ha adornado estas concepciones–, la verdadera evolución como fin gradual al que lleva la conquista de uno mismo, la paz o quietud interior de quien logra el equilibrio entre lo que se piensa y cómo se actúa y se rige por lo más elevado. Se muestra el modo de dominar los vaivenes emocionales a fuerza de encauzar aquello que deseamos, el modo de vencer la mente inquieta y especulativa a través de una disciplina mental, de una voluntad y perseverancia inalterables.

En una visión ecléctica, este libro nos dice que su esencia proviene de la fuente común en la que beben las diversas religiones, y que alternativamente, cuando se entroniza la impiedad y la injusticia entre los hombres, son dadas a la luz por un avatar, un enviado, un maestro espiritual.

Pero no temas, lector, adentrarte en las sendas de otra religión, sino en los laberintos de la sabiduría; no dejes que te engorden con miedos con que unas religiones se apantallan para preservarse contra la expansión de las otras. El saber no es patrimonio de un tiempo y un espacio; el saber tan solo alcanza a aquellos que poseen la altivez de la libertad interior, a aquellos que saltan las aparentes diferencias en pos de la sabiduría que nos une a todos los seres, que nos da una patria común.

Dirá el Bhagavad Gita de sí mismo que, procediendo de la divinidad, fue transmitido a los espíritus más altos, a los primeros guías de la Humanidad, a Manú, y fue dado a los reyes aún conocedores de la magia, de la “magna ciencia”, del saber milenario y atemporal, aun antes de la era actual del Kali Yuga (de la edad oscura, de la edad de hierro) hace al menos 5000 años. Posteriormente, estos reyes con conocimiento de las siete claves guardadas en el mismo texto, dieron paso a reyes tal vez más humanos pero más alejados de la divinidad, y de este modo, sus claves se fueron difuminando en el tiempo.

Fue transmitido al principio como un relato oral, como un misterio que acariciar en las noches junto al fuego bajo un cielo estrellado. Cuando fue compilado por Vyasa, corrió de mano en mano, como un cántaro, para mitigar la sed de generaciones, hasta llegar ante ti, lector, que tal vez nada sepas de claves, pero que al menos atisbas, cuando la intuición levanta la espesa cortina del olvido, que estás ante un libro de enseñanza, y no tan solo un libro sagrado de una religión perdida en un vórtice del tiempo, sino sagrado por ser un ave delicada que palpita en tus manos y despierta la conciencia cuando roza tus sienes con sus alas doradas, con sus etéreas palabras.