NA Y LOS DERECHOS HUMANOSPublicado en la Revista Nueva Acropolis España n.º 272 – julio-agosto de 1998

El día 10 de diciembre de 1998 se cumple el quincuagésimo aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante la Resolución 217 A (III) el mismo día del año de 1948. En el Preámbulo de dicha Declaración se considera que «la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana».

De este modo, se enfatiza sobre el necesario respeto a la dignidad individual como un valor autónomo de la Humanidad y como un bien jurídico protegible por el derecho internacional, lo cual, años más tarde, se confirmaría en la Segunda Conferencia Mundial de los Derechos Humanos celebrada en Viena en 1993, la cual, en su Declaración y Programa de Acción, proclamaba que «la promoción y protección de los derechos humanos es una cuestión prioritaria para la comunidad internacional», con lo que se afianzaba una voluntad de garantizar el respeto por los derechos humanos que ya se había señalado en la Primera Conferencia en Teherán en 1968.

Todos estos pasos de notable importancia para la defensa y respeto de los individuos y de las minorías encuentran su punto de inflexión en el antecedente, cronológicamente cercano, de la Carta de las Naciones Unidas, aprobada en San Francisco el 26 de junio de 1945, que se firma en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, con el fin de dar nacimiento a la Organización de las Naciones Unidas, con la vivencia aún traumática y presente del genocidio racial que acabó con la vida de miles de seres humanos y con la idea de que jamás se volvieran a repetir actos de persecución y exterminio de minorías cualquiera que fuesen sus características.

De ahí que, en el artículo primero párrafo tercero de la carta constitutiva de la Organización, se establece como uno de los Propósitos de las Naciones Unidas «realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario, y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión».

Dentro de esta línea, y en el marco de estas reflexiones, cabe destacar una serie de derechos que se recogen en estos instrumentos internacionales, con el fin de llamar la atención sobre la necesidad de mantenerse alerta en la acción por enaltecer de manera permanente la dignidad del ser humano, y denunciar las continuas violaciones de los derechos más elementales del individuo, a pesar de los esfuerzos que, durante estos últimos cincuenta años, se han realizado para su defensa y protección en el marco de la comunidad internacional.

En el artículo primero de la Declaración Universal se recuerda y señala que «todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros», y se insiste en el artículo siguiente en que «toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición».

Con propósitos parecidos, en 1957, nueve años después de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se funda la Organización Internacional Nueva Acrópolis (OINA) con el fin de dignificar la condición humana desde perspectivas similares, pero en el plano de la sociedad civil, y establece en su primer principio fundacional que tiene por objeto «reunir a hombres y mujeres de cualquier creencia, raza, condición social en torno a un ideal de fraternidad universal, para preservar la dignidad humana», y que sería refrendado a nivel internacional cuando en 1990 se reconoce su actividad internacional al darse de alta como Organización Internacional sin fin de lucro por la ley belga de 1919 y sus estatutos se publican en el Monitor belga por orden del Ministro de Justicia de Bélgica. La OINA compromete a sus instituciones adheridas, que funcionan en más de cincuenta países, a fomentar los lazos de fraternidad universal con similar alcance y significado que las propuestas recogidas en los artículos citados de la Carta de las Naciones Unidas y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, como acabamos de ver en los artículos citados. Se puede deducir la similitud que existe entre las diferentes proclamaciones que se han realizado en la comunidad internacional en defensa de los derechos humanos y los principios constitutivos y estatutarios de Nueva Acrópolis, los cuales se han trasladado siempre al plano de la acción reivindicativa.

Los planteamientos jurídicos y estatutarios de la Organización Internacional Nueva Acrópolis van más allá, y siguen reflejando la misma inquietud que se plasma en el artículo veintiséis de la Declaración Universal, cuando indica que «toda persona tiene derecho a la educación” (…) y que “la educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana (…) favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos», y en el siguiente artículo veintisiete se agrega que «toda persona tiene derecho a tomar parte libremente de la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes, y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten».

Por su parte, el segundo principio constituyente de la OINA, que se recoge en el artículo tres de los citados Estatutos Internacionales, formula como uno de los objetivos de Nueva Acrópolis el «suscitar en el hombre la visión global mediante el estudio comparado de las religiones, ciencias, filosofías y artes», con lo que profundiza aún más en la búsqueda del conocimiento desde una perspectiva multidisciplinar y global, buscando la formación del individuo, a través de programas de estudio pormenorizados, que recojan estas cuatro grandes vías del saber humano que, como ya se ha señalado, representan el «derecho a la educación» y a «tomar parte libremente de la vida cultural de la comunidad» como derechos inalienables de los individuos.

NA Y LOS DERECHOS HUMANOS 2El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, adoptado en Nueva York el 19 de diciembre de 1966, representa un paso más en favor de la necesidad de protección y control de las posibles violaciones de los derechos humanos en estas materias. En su artículo trece insiste sobre el derecho de la persona a la educación, con el fin de «capacitarla para participar efectivamente en una sociedad libre», y en su artículo quince señala que los Estados parte en el Pacto «se comprometen a respetar la indispensable libertad para la investigación científica y para la actividad creadora».

Existen en la Declaración Universal otros artículos de los que se puede decir que se han reflejado igualmente en el tercer principio constitucional de la OINA. En efecto, el artículo dieciocho de la Declaración recuerda que «toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión», y el artículo diecinueve agrega que «todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión» y que este derecho incluye «el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión».

Por lo que respecta al tercer principio mencionado, este establece en los Estatutos Internacionales de Nueva Acrópolis que es necesario «desarrollar el potencial del hombre para que pueda integrarse mejor en la naturaleza y vivir conforme a las leyes del ser vivo», lo que indica la preocupación de la OINA por el desarrollo integral del ser humano en su relación consigo mismo y con el medio humano. Coincide con una de las mayores preocupaciones que se han planteado en la comunidad internacional de nuestros días, como es la defensa y preservación del medio humano. En este sentido, las inquietudes de la OINA se han adelantado, porque, desde su fundación en 1957, se planteó esta preocupación, que la comunidad internacional no llegaría a plasmar hasta 1972 con ocasión de la Declaración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, celebrada en Estocolmo, que proclamaba que «el hombre es a la vez obra y artífice del medio que lo rodea, el cual le da el sustento material, y le brinda la oportunidad de desarrollarse intelectual, moral, social y espiritualmente. En la larga y tortuosa evolución de la raza humana en este planeta se ha llegado a una etapa en que, gracias a la rápida aceleración de la ciencia y la tecnología, el hombre ha adquirido el poder de transformar, de innumerables maneras y en una escala sin precedentes, cuanto le rodea. (…) La protección y el mejoramiento del medio humano es una cuestión fundamental, que afecta al bienestar de los pueblos».

La OINA, con similar inspiración a la que se promueve en todos estos instrumentos internacionales, ha desarrollado una ingente labor en defensa de la protección de los derechos humanos y su promoción, particularmente en el marco de las minorías discriminadas. Su actividad se ha hecho eco de las palabras que se recogen en el Preámbulo de la Declaración Universal, cuando esta señala que la Asamblea General de las Naciones Unidas proclama la Declaración Universal de Derechos del Hombre» como ideal común en el que todos los pueblos y las naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades».

En efecto, en el Estatuto fundacional de la OINA se recoge que «es necesario impulsar el desarrollo de una nueva pedagogía que permita al hombre decidir sin ser manipulado. (…) Promover un nuevo humanismo (…) permitiendo una verdadera libertad del espíritu científico, independiente de cualquier poder político, ya sea temporal o religioso. (…) Defender la libertad interior y el poder de la imaginación como fuentes de innovación y de creatividad a la vez individual y colectiva».

Una de las grandes lacras que padece nuestra comunidad internacional de fin de siglo, es la violación permanente y masiva de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, como se recoge con pavorosa claridad en el Informe 1997 de Amnistía Internacional, en el que se documenta una infinidad de casos de detenciones políticas ilegales, «desapariciones», ejecuciones sumarias, presos de «conciencia» en más de ciento cincuenta y un países y territorios de Estados que se califican a sí mismos como civilizados.

Ello ha provocado las emigraciones masivas de poblaciones enteras, que huyen de las persecuciones raciales, religiosas o simplemente políticas y que de permanecer en sus respectivos países serían víctimas de la discriminación, la prisión o el exterminio. El fenómeno de los «refugiados» es una de las grandes vergüenzas de este fin de milenio y, como indica el informe señalado, «cada refugiado no es sino la consecuencia del fracaso de su Gobierno en proteger esos derechos. (…) Los Gobiernos hacen caso omiso, cada vez con mayor frecuencia, de las obligaciones que tienen hacia ellos, y el resultado de esta situación es que el sistema internacional de protección de refugiados se encuentra en grave crisis. Cada vez que este sistema no funciona, se pone una vida en peligro».

Hay que tener en cuenta que hace una década había unos ocho millones de refugiados en todo el mundo; hoy, en cambio, el número de personas que buscan protección contra terribles violaciones de los derechos humanos asciende a más de quince millones.

Además, resulta escalofriante la lectura del mencionado informe, cuando reseña la permanente violación de los derechos humanos y de la dignidad de las personas, por lo que, sin ánimo de realizar un estudio exhaustivo, sí quiero, sin embargo, destacar las actividades que la OINA ha realizado en favor de la dignidad humana, y las acciones realizadas contra la intolerancia y el racismo en más de cincuenta sedes en diferentes países de los cinco continentes.

En esta situación, la labor de la OINA en beneficio de la difusión de la cultura en general, como un patrimonio al que deben tener acceso todos los seres humanos, sin distinción de raza, sexo o condición social, adquiere significación y trascendencia social, en especial las acciones realizadas en favor de los más necesitados y de las minorías marginadas, no solo en los países del tercer mundo, sino también en los países de la ex-Unión Soviética, en la ex-Yugoslavia en defensa de la no discriminación y, también, en el llamado Primer Mundo pues, como puede colegirse por el informe de Amnistía Internacional, en estos países también se vulneran los derechos humanos. Se trata de actividades que, por su alcance y efectividad, no deberían pasar desapercibidas en la prensa internacional, para que pudiera difundirse el ejemplo de la OINA en otras organizaciones que trabajan en el mundo con el mismo respeto e interés por la salvaguarda de la dignidad humana.

En este sentido, deseo realizar un análisis comparativo apoyándome para ello en el mencionado Informe 1997 de Amnistía Internacional y en el Anuario Internacional de actividades de 1996-1997 de la OINA.

He elegido sólo una muestra de los más de cuarenta países en los que se desarrollan las actividades de la OINA, sin que por ello esté destacando a unos sobre otros, ya que de ambos informes se puede deducir que en todos los países del mundo se conculca la dignidad humana y que en esos mismos países la actividad humanitaria de la OINA es impresionante.

NA Y LOS DERECHOS HUMANOS 3Resulta alarmante observar en el informe de Amnistía, hasta qué punto se violan de manera permanente y masiva los derechos humanos en todo el mundo. Se denuncian «las condiciones infrahumanas de algunas prisiones que constituyeron con frecuencia trato cruel y degradante. La falta de presupuesto para atención médica; las enfermedades contagiosas se propagaban rápidamente entre la población penitenciaria; en ningún caso se cumplía con las reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos de la ONU» (Informe AI, pág. 288). Se denuncia también «que los tribunales militares y civiles continuaban archivando casos sin resolver sobre violaciones de derechos humanos cometidas en el pasado e investigaciones sobre casos de torturas y malos tratos infligidos por miembros de las fuerzas de seguridad» (Informe AI, pág. 136). Se denuncian violaciones de los derechos humanos por «fuerzas gubernamentales en el conflicto contra minorías, y se presentaban informes sobre la falta de la debida protección legal a los refugiados y solicitantes de asilo» (Informe AI, pág. 322). Los Gobiernos «mantienen una severa política de inmigración y controles fronterizos, o se iniciaron procesos penales contra objetores de conciencia, y se presentaron informes sobre disparos y homicidios realizados por funcionarios responsables de hacer cumplir la ley» (Informe AI, pág. 189). Amnistía ha denunciado «malos tratos infligidos por agentes encargados de hacer cumplir la ley, se celebraron juicios de funcionarios del Estado acusados de torturas y malos tratos, y más de un centenar de africanos, entre ellos solicitantes de asilo, fueron expulsados a países en los que sufrieron violaciones de derechos humanos» (Informe AI, pág. 176).

Nadie puede en este momento y en este planeta «lanzar la primera piedra»; por lo tanto, veamos qué ha hecho la OINA en estos países que hemos elegido al azar:

a.- En Nicaragua la OINA organiza una campaña de donativos en ropa, juguetes y libros destinados a diferentes municipios desfavorecidos, labor que fue coordinada por la Organización de los Estados Americanos (OEA).

b.- Mientras, en Chile, la OINA organiza la campaña «La Serena se ayuda» promovida junto con el Ayuntamiento de este municipio para la recolección y entrega de alimentos a los damnificados como consecuencia de los efectos producidos por los terremotos que afectaron a esa zona del país. Se organizó el «Record Guinness de guitarra en beneficio de Coaniquem», con el que se realizó «el concierto de guitarra más largo de la historia, con el fin de obtener ingresos a beneficio de la Corporación de ayuda al niño quemado».

c.- La OINA en Perú organizó numerosas actividades de voluntariado social en albergues, asilos, en barrios marginales y atención médica gratuita.

d.- En la Federación Rusa, la OINA organizó encuentros con ocasión del 9 de mayo, «Día de la victoria contra el fascismo», y espectáculos y juegos para niños enfermos o inválidos.

e.- En Francia, la OINA realizó una «Marcha de la esperanza» en Marsella, con el fin de recaudar fondos para enviar material médico al Senegal, o la acción para la «Ayuda a la infancia tibetana» con el fin de apoyar a una asociación de padrinazgo escolar de niños de India y Nepal. O la «III Jornada de la Fraternidad» realizada en distintas ciudades francesas, con el fin de promover los valores de la fraternidad en el marco del Año Europeo contra el Racismo, o la «III Jornada Nacional de la Tolerancia» en el aniversario de la muerte de Giordano Bruno y en favor de la libertad de pensamiento.

f.- En Italia, la OINA organizó campañas de ayudas a familias con problemas sociales en la ciudad de Verona; el grupo de Protección Civil de NA organizó una intensísima labor de ayuda a las ciudades de la zona de Umbría afectadas por los terremotos; la acción organizada con Cáritas Franciscana en la ciudad de L’Aquila para ayuda de los niños de la ex-Yugoslavia; las acciones contra el racismo, como el recital a favor de la tolerancia en el teatro de Siracusa, o las mesas redondas organizadas en el Palacio del Senado de Siracusa sobre «Los peligros del racismo».

g.- Mientras, en Grecia, la OINA organiza actividades artísticas y folclóricas en la «Mesa de la amistad» dentro de la campaña organizada de lucha contra el racismo, la xenofobia y el antisemitismo.

h.- En España, la OINA organiza en Alicante la «VII Campaña de ayuda al pueblo gitano», con la entrega de dos furgonetas de juguetes y ropa para 27 familias gitanas con 83 niños; entrega de material escolar al colegio «Rubén Darío» de Barcelona; la campaña de recogida de libros organizada en Castellón para la Granja de rehabilitación de la Fundación OSIM; las actividades dentro del Año Europeo contra el Racismo, como la mesa redonda «Europa sin fronteras culturales» organizada en Madrid, o el encuentro de organizaciones judías y árabes organizado en Granada, o las campañas organizadas dentro del Año de las Naciones Unidas para la Erradicación de la Pobreza.

En este sentido, resultan significativas las palabras del fundador de Nueva Acrópolis, Jorge Ángel Livraga, cuando en la obra «Peligros del racismo», señala que «el destino de la humanidad es la confraternidad, más allá de toda diferencia morfológica, psicológica o espiritual».

Como ya he señalado, en el artículo 19 de la Declaración Universal se afirma: «todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión», y dentro de esta línea de inspiración, la OINA viene desarrollando desde finales de los años ochenta una campaña en favor de la libertad de expresión que se ha bautizado con el nombre de «Giordano Bruno», como homenaje a un mártir de la intolerancia. Durante el pasado año 1997, se han realizado una serie de acciones organizadas por Nueva Acrópolis en favor de la libertad de expresión en torno a la figura de este filósofo en Colombia, Chile, Bélgica, Hungría, Francia, Croacia, España.

Por lo que respecta a la acción de ayuda a los grupos marginados, se ha cumplido con las indicaciones del Año Internacional para la Erradicación de la Pobreza, promovido por las Naciones Unidas, con acciones y ayudas concretas en Canadá, Nicaragua, Suecia y España entre los países donde Nueva Acrópolis ha realizado una verdadera acción humanitaria en favor de las clases más necesitadas.

Para la OINA, la defensa de los derechos humanos y la reivindicación de la dignidad del hombre sigue la senda de Pico della Mirándola cuando decía en su Discurso sobre la dignidad del hombre que «el espectáculo más maravilloso sobre la escena del mundo era el hombre», por lo que, como ha dicho la actual Directora Internacional de la OINA, Delia Steinberg Guzmán, al reflexionar acerca del problema del racismo y las alternativas filosóficas para erradicarlo, «es absurdo hablar de razas elegidas o de razas inferiores si recordamos que las almas no tienen color ni talla que lleven a establecer estas posturas intransigentes».

Para la OINA, el planteamiento teórico es necesario pero no suficiente, ya que en la protección de los derechos humanos hace falta también el ejemplo permanente y la práctica cotidiana en el respeto de estos derechos, máxime cuando, como hemos visto, las grandes declaraciones no logran acabar con el racismo, la xenofobia, la intolerancia y el deterioro de las más elementales libertades. Por ello saludamos con satisfacción estos cincuenta años que se cumplen desde la proclamación de la Declaración Universal de Derechos Humanos, pero desde nuestras aulas y nuestras actividades reclamamos acciones efectivas que coloquen al ser humano en el lugar de la creación y la naturaleza que le corresponden.

JUAN MANUEL DE FARAMIÑÁN GILBERT